Les presento a Don Lupe, la verdad es que no se llama así, o por lo menos no lo sé, porque no le preguntamos su nombre, estaba muy concentrado creando estas piezas de barro y no queríamos interrumpirlo. Pero quiero darle un nombre a este maravilloso personaje, un artesano mexicano que seguramente lleva 50 años creando estas piezas de barro, y seguramente aprendió de su papá, que a su vez aprendió de su abuelo. Creo que este es el caso de millones de artesanos mexicanos que por generaciones van aprendiendo la técnica para crear las famosas artesanías mexicanas.
Don Lupe estaba ahí, sentado en un banco de madera trabajando el barro, literalmente con sus manos y sus pies, con los que le daba vuelta a un disco en la parte inferior de su mesa, que permitía que el bloque de barro girara para él darle forma con sus manos, con una maestría y habilidad increíbles. Cada una de las arrugas de Don Lupe muestran los años de experiencia, como si fueran esas líneas que aparecen en los troncos de los arboles.
No tengo la menor duda, este fue el momento más extraordinario del viaje, nos quedamos varios minutos paralizados viendo a Don Lupe trabajar, hizo varias piezas frente a nosotros, una tras otra, sin descanso, con pasión, con calidad, la formula que todos deberíamos de aplicar en nuestro quehacer diario, hay mucho que aprender de nuestros artesanos, fue un verdadero privilegio conocer a Don Lupe.